jueves, 6 de octubre de 2011

AÑOS DE HAMBRE



    Por el ventanuco minúsculo asomaba un saquito repleto de habas secas, una mano lo dejaba caer al suelo, detrás un mozalbete delgado pero recio salía contorsionándose y agarrado al alfeizar, se descolgaba hasta hacer pie en un saliente de la pared del viejo caserón, y después a modo de escalada bajaba hasta la calle asiéndose a las grietas del muro.

     En la nocturnidad corría escondiéndose para no ser visto y llegaba a casa, de reojo con ojo avizor recorría el trozo de callejón para ver si alguien lo seguía, asegurado ya de estar solo se colaba por un hueco de la pared de la antigua casa mitad de adobe mitad de sillería y por la parte de atrás entraba en ella.

    -Amatxu, Amatxu………  mira lo que te traigo, “mañana comeremos bien”.

Comentaba con voz alegre pero en tono bajito para que nadie fuera de casa lo pudiera escuchar.

    -Ruso, hijo mío no me llames Amatxu, llámame madre, “Que manía os ha entrado ahora en decir palabras en Vascuence”, aquí nunca se habló así, mas al norte en las aldeas es lo normal pero aquí en la ribera del Ebro a este lado no.

    -Pues a mi no me llames ruso me llamo Manuel, <replicaba enfadado>
    -Gracias Manuel, no se lo que haríamos sin ti, le contestaba con una sonrisa.
  
   Discurrían los años de la guerra civil y se pasaba mucha necesidad, el jovenzuelo cuando salía de clase siempre corriendo, se esforzaba por llevar algo a casa para comer pero era ardua la tarea que se imponía.
En la aldea la mayoría eran mujeres pues los hombres casi todos estaban el frente y los mas ancianos , los que no resultaron muertos por la hambruna o ejecutados por uno u otro bando solían ser demasiado mayores para ir al campo , por lo que los campos de cultivo y  las cosechas eran mínimas y además la guardia civil o los soldados o incluso los mismos dueños hacían guardia para que no les robasen , el incauto hambriento que fuese pillado robando posiblemente descansaría en alguna cuneta con un escopetazo.

Aun así entre semana se acercaba Manuel al destacamento de Italianos que se agrupaba en la plaza y fingiendo estar muy enfermo les sacaba alguna minucia para comer, pero algo era algo aunque el rancho de los soldados dejaba mucho que desear, luego contento por su recaudación de alimentos se dirigía a casa, siempre con una sonrisa en la cara.

El padre de Manuel al principio de la guerra, estando destinado en África había fallecido, cuentan en algunas cartas de amigos de la familia que una represalia de otro militar con el que tenia alguna rencilla le había pegado dos tiros, pero nunca se supo la verdad.

Vivian en una casa modesta de varias alturas, de fachada de piedras grandes con portalón para entrar el carro pero sin tenerlo, un pollete de piedra maciza a la izquierda debajo de una ventana y mucha historia por lo antigua de su construcción.


La parte de atrás asomaba a un mirador en la montaña desde el cual se divisaba todo el valle, en tiempos prospero , repleto de viñas y campos frutales, ahora casi yermo , disponía la casa de un sótano escavado en la tierra y debajo de el ,la cueva, casi todas las construcciones de la parte alta de la aldea eran iguales pero esta tenia una altura más, hecha de vigas de madera y adobe pintado por fuera, era alta y entre girada a un lado, hoy en día solo queda el muro inferior y malezas.

Cuando no iba al colegio se perdía por los montecillos cercanos y escalaba sus paredes de piedra para alcanzar huevos de pájaros o crías por las que le pagaban en el pueblo algunos céntimos, o recolectaba espárragos y ajos puerros y se los vendía a los comerciantes, también en su saquito acababan algunas frutas descuidadas en su recorrido y uvas, sobre todo uvas pues las viñas se prodigaban por la mayoría del terreno, en ocasiones cuando las algarrobas estaban muy maduras él se dejaba caer por alguno de los lugares donde los campesinos las recogían y “ala, unas pocas al saquito” , hambre no es que pasara pero la carne y el pescado las cataba pocas veces al año y mucho menos el pan blanco.

La guerra termino y en sus finales la envidias y las rencillas hicieron estragos en su pueblo, un día asomado por la ventana de detrás , la mas alta, vio una tragedia en directo, unos hombres mantenían atado a un vecino de manos y piernas y estirando  con unos caballos lo desmembraron, no lloro pues el miedo lo dejo paralizado, y por las calles a veces mujeres con el pelo rapado al cero caminaban avergonzadas y de vez en cuando los guerrilleros de la sierra bajaban y apoyados por su numero y sus armas saqueaban la poca comida que había en las casas.

Todos saqueaban, los de un lado y los de otro y los cuerpos de asesinados se podían encontrar en los caminos, tanto personas republicanas como nacionales, eran las vergüenzas de la guerra, al maestro lo apalearon varias veces los comunistas y al cura, y al alcalde de izquierdas lo encerraron en la cárcel los nacionales junto con algunos de sus amigos y familiares, de algunos ya nunca se supo nada.

La vida continuo y con los años se fue Manuel interno a un colegio de huérfanos en Madrid y su hermana pequeña también, mas años duros sin ver a la familia, mas penalidades incluso un desgraciado tortazo de un fraile que a la larga le acabó dejando sordo de un oído.
“El hijoputa del fraile, así se debía llamar pues no ha dejado de repetir la frase toda su vida”

Los tiempos  se sucedieron y la vida le llevó a otra ciudad , alguna vez volvió a su tierra, para algún entierro, y de paso en algún viaje, pero pocas veces, hoy vencido ya por los años sigue acordándose de su casa de piedra y adobe , de las procesiones que subían al” Cristo”  ermita del pueblo que se sitúa en lo mas alto de la montaña, de los asaltos de los militares y las escaramuzas para recolectar algo que comer, se acuerda de su madre y sus hermanos y hermanas la mayoría ya muertos , sobre todo de su hermano mayor que murió después de haber estado en Rusia, de ahí su apodo, “el Ruso “ ,se lo pusieron por no parar de hablar de las aventuras de su hermano .

Y la vida sigue y tuvo hijos y nietos más mientras le queden fuerzas seguirá contando historias de las de antes y vivencias y algún día se reunirá con sus ascendientes, pero eso ya será otra historia.

FIN




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