viernes, 21 de octubre de 2011

LA MERIENDILLA














La madrugada en tierra de campos suele ser fresca aunque sea verano, por  lo tanto vamos abrigados pero no mucho, las caras de los familiares rezuman un aspecto algo cansado, alguna ojera y nervios también desprenden, el día será largo pero nunca aburrido, mis tíos, primos y nosotros vamos de jornada de monte, comida bebida y sobre todo mucha armonía.
   
    Aquí le llaman irse de meriendilla, ahora ya no me asusto, pero la primera vez que fuimos a una reunión de estas me quede asombrado, desde la llegada hasta la partida a altas horas todo fue comer beber y reír y a lo bestia, “Que saque tiene esta gente”.
  
Aun no estaban preparadas las mesas y ya estaban sirviendo tazas de caldo y vinillo  joven  blanco para empezar el día, alguno incluso le pegaba un  tiento al queso de cabra que olía como Dios.
   Las mujeres de la familia organizaban las sillas y mesas, estas a este lado, aquellas adosadas de dos en dos para hacer de banco de cocina, de los vehículos iban saliendo bolsas y cajas con toda clase de viandas, botellas de bebida de todo tipo, embutidos, carnes, vegetales  y abundante fruta, todo un espectáculo.


    Los hombres se partían en dos grupos , los cangrejeros y los de las setas, después
se iniciaba una excursión de recolecta, los primeros preparaban los reteles con huesos de pollo y los iban situando en recodos algo separados del río siempre controlando la cantidad de agua que discurría y su ubicación , el segundo grupo se internaba en el monte bajo y en los laterales del río dentro de las choperas y buscaban los boletus , los orejones y algún níscalo perdido , entre dos horas y tres duraba la excursión y de vuelta al improvisado restaurante campestre.


    Si el día se daba bien, los cangrejos de río se amontonarían en un barreño listos para ser escaldados antes de la hora de comer y mientras las setas se limpiarían con trapo y mucho cuidado para ejercer de acompañamiento a las carnes.
    La verdad es que no se paraba nada pues todo el mundo tenia algo que preparar, uno de mis primos y yo preparábamos un horno asadero con barro del río y una loseta de piedra grande y plana , esta se situaba encima de un gran agujero hecho al lado de un montocito de tierra que haría de cabecero, aquí estaría la salida de humos y en la parte contraria justo debajo de la boca del horno la entrada de la leña, y después encima de la piedra con ramas finas y verdes se realizaba una forma de cabaña curvada y se rellenaba con barro del río como haciendo una cueva donde se cocinaría el Lechazo castellano y también el embutido, la morcilla de arroz burgalesa y el picadillo de chorizo.


    Alguna de las mujeres rebozaba espárragos blancos extra-gordos con pan rayado fino y huevo batido, fritura de ellos a continuación y si habían recolectado  espárragos verdes también, y en medio de toda esta laboriosidad tragos y mas tragos de vinillo de la ribera del Arlanza, pero ahora tinto.
    
A la hora de comer todos alrededor de las mesas comentábamos la mañana, recordábamos historias de las antiguas y se contaban chanzas y habladurías, 
¡ como no ¡.
Y ya delante del plato , a comer, un trocito de cordero tierno como el solo y rodajita de morcilla de arroz , una picadita de espárragos tiernos o de los verdes, a continuación a degustar las setas y los mas comedores ya habrían empezado con los cangrejos, todo un festín bañado con litros y litros de vino, los postres siempre de la pastelería del pueblo y para acabar los cafés y las copas, unos de coñac otros de 43, las mujeres con su Licor  Bailéis y los niños mosto muy rico.


Que recuerdos, días inolvidables, sensaciones muy gratas, cordialidad.
Ahora ya pasados muchos años algunos familiares se han ido y los que quedamos dada la distancia nos vemos apenas, pero el recuerdo siempre acude a mi mente de vez en cuando y me hace disfrutar.


No tengo que decir que la merienda seguía la misma pauta y se alargaba hasta altas horas de la madrugada ya que era merienda cena y el alcohol luego seguía brotando a borbotones , más orujo, más wiskises y muchos cafélitos y luego despacito después de recoger, a casita a dormir.


   Ellos, mis familiares al día siguiente estaban como nuevos, pero yo empezaba el día con bicarbonato y acababa con manzanilla ,aunque después de todo,  “QUE ME QUITEN LO BAILAO”.

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