sábado, 27 de agosto de 2011

Pepe y Pepa


El pálido alo de luz proyectado por la luna, entraba a través de la holgura de las contraventanas y reflejaba sobre un ángulo de la habitación, bajo el cual, se erguía una vetusta mesita estrecha, con repisa de mármol y lámpara adosada, coronada con una pantalla de tela amarillenta y faldoncillos de hilos dorados.
Sobre la mesita un teléfono góndola, junto a él el típico cenicero con pulsador giratorio años sesenta y pegado a la mesita uno de los sillones del tresillo, huérfano de su compañero, éste como hijo único presidía la mesa de centro, redonda con faldas y brasero eléctrico incorporado y enfrente el clásico aparador eso si, reformado y desposeído del espejo que tantos años lo coronó,
y al lado contrario, el sofá, mas que viejo marchito, hundido y retapizado varias veces.
Reposando sobre él, Pepe y Pepa, marido y mujer ya mas de 60 años, apoyados el uno contra el otro, tapados con la mantita regalada por sus nietos las navidades pasadas y cogidos tiernamente de las manos, él pasados los 90 y ella mantenía lejos sus ochenta y tantos.
Al calor de la mantita de lana ayudado por la pequeña estufa de gas dormitaban placidamente mientras se acercaba la hora de las pastillas, muchas y variadas pues entre la tensión los dolores y otros achaques de la edad, cada cierto tiempo se les iban acumulando sin dejar las primeras, la voz casi imperceptible de la televisión situada en el aparador, acompañaba el semisueño de los ancianos y algún ruido a chapa recalentada de la obsoleta estufa crujía de vez en cuando.
Toda una vida juntos, sin broncas, sin peleas solo algún desacuerdo a veces por una nimiedad, claro qué, ayudado por las pocas horas que se veían pues Pepe siempre trabajó muchas horas, horas extra que les procuraron una vida digna con sus ingresos, desde la jubilación no se habían separado nunca, juntos iban al cine, juntos al medico de familia, juntos al mercado en fin siempre unidos a cualquier lado.
Dos hijos ya mayores casados y una hija la menor con 59 primaveras, les proporcionaron un montón de nietos, de los que disfrutaron y disfrutan con su compañía casi a diario y los domingos todos juntos en familia, paella y poquita, luego copita de vino, después la tertulia y prontito a casa.
Muchos días se les veía paseando pasito a paso ,de la mano, y aun en ocasiones se daban besos furtivos por vergüenza a que los vieran, y al volver a casa Pepa siempre al entrar, le pellizcaba el culo a Pepe, manías desde novios,,,,a él le gustaba pero “se hacia el tonto” y protestaba.
Después de la cena frugal y temprana se sentaban a ver la tele, y esperando las noticias se quedaban dormidos en el sofá con su manta y su estufa cogiditos de la mano, el la besaba en la frente y ella le apretaba fuerte una mano, y así calentitos dormitaban esperando lo que aún la vida les deparase.
Esa madrugada fría y oscura trajo la desdicha, José el hijo mayor tuvo que llegar pronto tras el aviso, los encontró allí, juntitos cogidos de la mano tapados con la mantita de lana con una sonrisa feliz en sus rostros,,,,,,y un olor rancio , un olor a despedida.
El diario dio la noticia al día siguiente, -La patrulla de bomberos de la localidad a encontrado esta mañana en su domicilio a dos ancianos muertos , fallecidos a consecuencia de la mala combustión de una estufa de gas, el marido con 91 años y la mujer con 88 ..............

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