martes, 25 de octubre de 2011

GRITA SI PUEDES


 En el borde de la realidad entre la cordura y la locura donde los sueños atacan nuestro subconsciente, en el hábitat de las malignas sombras, allí donde vive la paranoia y se amaga el miedo, en ese lugar remoto de tu mente me escondo yo.

    Mi esencia se alimenta de tus neuras, mi elixir vital se recicla con tu terror, existo para  apoderarme de tu mente y tu cuerpo y disfruto con tus lágrimas de agonía.

    Cuando esta noche el esqueleto que te sustenta descanse en su cama rondaré las neuronas semidormidas de tu cerebro y las espantaré.

    Tomaré el  dominio de tu respiración y de tu pulso, subiré la cadencia de los latidos de tu corazón y erizare tu vello, mis aterradoras sombras asaltaran tus sueños que tornaré e pesadillas y aun con tu mente dormida te haré sentir el congojo mas profundo.

    Malignos seres rodearán tus ideas, ríos de bilis desfilaran por tu garganta, y fuegos fríos escaldaran tus carnes, tu garganta agarrotada querrá gritar mas no podrás, quizás intentes despertar pero no te dejaré, te asustare hasta el alba y entonces con las primeras luces me iré para retornar cuando menos me esperes.

Felices sueños.

LAS MONTAÑAS DE ESCOCIA


 Seis jornadas caminando, sorteando peñascos y riachuelos, seis pesados días acarreando víveres necesarios en estos lares, cansancio sudor y llagas en los pies, frió intenso sin llegar a episodios de congelación, y arduo trabajo a la hora de transportar los petates llenos de tocino carnes secas harina y sal mas otros elementos de subsistencia.

Detrás quedaron los altos bosques, abajo el fértil valle, y por encima de sus cabezas las altas cumbres donde refugiadas sus familias, malviven con lo poco que produce la zona.
Tras pasar un pequeño otero al fondo del pequeño cañón se divisa el humo espeso que adormilado por el ambiente se niega a subir de altura y rodea las chozas de barro y piedra, infraviviendas que portan como si fuera un sombrero los techos de carrizo seco aun del año anterior.

La sonrisa asoma en sus rostros ,el cansancio recobra alguna fuerza y los tres hombres aceleran el paso, al rato un silbido del mas joven advierte a los vigilantes de su llegada, y en escaso lapso de tiempo el jolgorio de los niños se acerca hacia ellos saliéndoles al paso, huele a guiso y a té ,a ropa lavada , y a humo de leña seca, el decano del grupo afloja su carga y sin pensarlo introduce medio cuerpo en la improvisada alberca ,una modesta construcción de barro y piedras que recoge el agua de algún manantial lejano nacido de las nieves eternas de las cimas.

Como buenas esposas las tres mujeres corren afanosas para ayudar a sus maridos y cada una a su manera les reciben , la de mediana edad reposa un beso en la frente de su compañero y le acaricia la cara , la mas joven salta a los brazos del fornido guerrero y lo acribilla a besos y abrazos y la mas adulta después de un escueto ósculo en los labios coge el petate y se aleja seguida por su pareja, no hay comentarios se dejan para mas tarde cuando las luces se pongan , cuando el lecho y la intimidad les den cobijo.

En los llanos ya no hay guerras, en los valles la vida recobra su monótona existencia y en las faldas de las montañas solo ligeras escaramuzas enturbian la tranquilidad, más que por batallar con el opresor para luchar por algo de alimento, solo en las altas peñas queda algún reducto de libertarios guerrilleros, idealistas y fuertes, dispersos pero muy unidos por su causa.
El ulular de un búho anuncia lo tarde de la hora, las brumas abrazan la garganta del cañón y el manto oscuro de la noche cae irremediablemente sobre el poblado, los perros se esconden las gallinas corren a sus ponederos y el ganado se aprieta contra algún rincón temeroso de las alimañas, solo algún taciturno ebrio vaga por los embarrados callejones haciéndose el remolón para no irse a dormir, y en las chozas silencio y calma.
Sobre la cama dos jóvenes se aman muy en silencio solo dejando algún leve gemido de cuando en cuando, sus miradas fijas el uno en el otro sus cuerpos abrazados y la libido muy encendida, los besos las caricias y el vaivén de la tarea, dura hasta altas horas, después se duermen esperando otro duro día.

En otros hogares las luces se van apagando poco a poco unas por aquí otras por allá, también algunos se aman, otros charlan y los demás tan solo se duermen.

El alo de luz de la luna vela la aldea, el cañón los protege y las montañas les alejan de sus enemigos,un viento suave se lleva las brumas y trae mas frió, nubes lejanas llegaran, quizás más tarde y dejaran lluvia, el ganado se agita, ha oído algún lobo aullar allá en lo alto en las cumbres, donde duermen los gavilanes y las águilas, donde habitan el zorro y los jabatos, en el techo de su mundo.

En las sagradas montañas de Escocia.

EL TÍO PACO





Un pedacito de algodón cruzaba el manto añil del cielo y las gaviotas agrupadas en escuadra aviadora enfilaban rumbo al litoral, arrancaba el 24 de Junio de un predecible verano tórrido.
Empezado ya el solsticio y acabados los largos días, que lentamente sin prisas ni pausas, progresivamente menguarían, hasta Diciembre.
Pronto será mi cumpleaños, pensaba el anciano marinero, antes cuando la familia aun vivía me brindaban algún presente o repartían las porciones de la tarta de turno comprada para estos días, ya no lo festejo, para qué ese alboroto innecesario, estoy solo y hace años que no me acuerdo ni de mi cumpleaños, por cierto no sé si son 77 o 78, que mas da año mas o menos y a quien le puede importar, a mi desde luego me la trae al pairo.

Amarraba la caja de aparejos bien prieta sobre la enea de la sillita preparada para la pesca al corcho, en un lado contra el respaldo el salabre y la caña también amarrados y encima de los aparejos el pozal, después lleno de agua cogida de la riba del puerto ejercería de contrapeso para que la larga caña no venciera la silla y todo el conjunto sobre un bastidor de carrito de la compra para así hacer mas fácil el transporte.
El autobús le dejaba cerca pero no le quitaba un rato de caminata, le venia bien andar ,las piernas cada vez le pesaban mas y ese paseo le activaba la circulación, al llegar a la espalda de la lonja efectuaba su rito, primero la silla a dos palmos exactos del borde del muelle, después sacar agua con el pozal y atarlo detrás bien tenso, a la derecha la caja de aparejos, a su espalda tumbado en el suelo el salabre y a su izquierda la bolsa del cebo, para acabar el trapo atado junto al tascón de la caña.
Y ahora un cigarrito para empezar la pesca.
Allí en el puerto pasó su vida, estibador de oficio y marinero de vocación.

Como todo buen pescador el tío Paco era exagerado con el tamaño de sus capturas, sibarita en la elección de los utensilios de pesca y soñador con esa gran pieza que seria la envidia de los otros pescadores, ese día el cebo decididamente seria chipirón, para las fechas que estaba los dorados, jureles, palometas y agujas entraban en grandes bancos a la hora de la retirada de las barcas pesqueras, buscaban los restos arrojados al agua, hoy seria un buen día de pesca aventuraba el anciano.
Las manos temblonas se afanaban en sujetar la carnada al anzuelo, la profundidad de la cala 4 brazas y media, el corcho grande y rojo con su pluma nueva y un plomo de 25 gramos para mantener el nivel justo de flotación, balanceó la caña y dejó suavemente entrar en el agua el sedal con todo el aparejo, apoyó el tascón en la silla y a esperar la picada.

Francisco vivía solo , no tenia familia cercana ni lejana, les había sobrevivido a todos y su existencia aunque cómoda era solitaria ,solamente una muchacha de ojos algo rasgados y tez morena le visitaba una vez a la semana, limpiaba y después de cobrar se retiraba seguramente a otros casas que adecentar ,la comida unos días la guisaba él y otros la compraba a ultima hora en la casa de comidas del barrio , muy barata ,y algunas veces se metía entre pecho y espalda un buen menú del día en el bar de unos conocidos, ¿y las cenas? hay las cenas.... la edad le obligaba a hacerlas muy frugales, comería mas pero luego lo pagaría con una mala noche.
Muchas mañanas al amanecer se acercaba a una marina cercana para reparar algún barquito de amigos, un nudo en una soga por aquí un cabo atadero de noray por allá, enseñaba a los niños los nudos ballestrinques y As de guía ,un nudo de palangre y uno de margarita y hablaba de vientos de mareas y temporales.

El corcho rojo con larga plumilla giraba sobre su eje , la morralla lo estaba mordisqueando el tío Paco era paciente esperaría a que se hundiera lo necesario, no mucho para pillar desprevenida a la presa ,en ese momento una minúscula hundida preconizó la picada, poco a poco el corcho se fue hacia el fondo y en el momento justo el abuelo tiro de la caña, el pez había mordido el anzuelo y enganchado comenzó a tirar, derecha e izquierda con mucha fuerza ,el sabia que la pesa era grande y estiró al máximo el salabre ,cuando cansó la pieza la mantuvo en el borde del agua y con la otra mano en el salabre lo pasó por debajo.

No pesaría menos de 3 kls ,una dorada brillante bien pillada del morro que acabaría en el restaurante de sus conocidos ,cambiada por unos billetes, feliz por la gran captura recogió los bártulos y volvió a casa despacio paso a paso hasta el autobús, era la ultima pesquera y se dio bien, ya no volverían sus cañas a asomarse a la riba ni los paseos hasta la lonja cargado con el carrito ni las tardes de charla con otros pescadores, y es que la vida tiene momentos para todo y ahora le tocaba cambiar su monotonía por fuerza, la edad.

Los años no perdonan y el lo sabia por lo que había demandado plaza en una residencia, ya se la concedieron una semana antes aunque se hacia el remolón pues estaba situada en el interior, en el secano como le llamaba él, muy lejos del mar que era su vida.
A partir de ese día se le pedió la pista y tres meses mas tarde llego la noticia, El tío Paco falleció casi olvidado por todos, solo y afligido, hay quien me dijo que fue el Alzheimer otros aseguran que una enfermedad de marineros pillada en algún lupanar de un puerto ya hace muchos años, en el parte insinuaban una neumonía, quien sabe, yo creo que nada de eso lo mató, fue el estar lejos del mar, al quitárselo también se le quitaron la vida.
Le conocía muy bien, le tenia mucho aprecio, hay días que andando por la orilla de la playa al mirar las barcas al fondo en el horizonte, allí donde se desvanece junto al cielo, paseando junto al mar me acuerdo de él.

viernes, 21 de octubre de 2011

La vieja ciudad.




   La luz de una farola refleja la sombra de una silueta que bambolea de un lado a otro con pesado caminar, su dueño un corpulento y maduro deportista venido a menos aspira de una torcida colilla de tabaco liado a mano , está cansado de su tarea ,los años han dejado una huella en forma de reuma en su esqueleto.

   Se levanta el cuello de su gabardina oscura y raída, el frió comienza ha llegar a la vieja ciudad, sabe que tiene enemigos pero no le importa, se considera una especie de súper-héroe como los de los comics, luchando siempre por limpiar la inmundicia de las calles, unos pasos le alertan, entre las sombras ve acercarse un grupo de enturbiadores, sabe que complicaran su misión en las calles pero hoy no tiene ganas de bronca, se acurruca en un portal y los deja pasar.

   Grandes ratas se pasean por el fondo del callejón y conforme se acerca el tufillo se apodera del ambiente, una pasa cerca de el y sale despedida por los aires de una patada, la da con rabia pues no se ha quedado a gusto con los despiadados de antes al dejarlos campar a sus anchas.

   Sus 90 kilos de peso no le facilitan ya su trabajo, hace años su corpulenta esbeltez jugaba a su favor, al ser algo pendenciero, Boro como buen héroe vengador había participado en muchas peleas de las que guarda cicatrices de navajazos y callos en los huesos rotos, unas veces defendiendo a alguna putilla de su chulo, otras librando a algún vecino del drogado atracador nocturno.

   El deambular nocturno mucho alcohol y alguna que otra paliza han afectado a su mente, en su delirio ve sombras que le hostigan, le acechan, le observan, siente presencias que le inquieren, sonidos inquietantes, susurros agónicos, tal vez los forma su mente, quizás el sabe en lo más profundo de su subconsciente que son alucinaciones, apura la colilla y prosigue por otra calle también oscura y mugrienta.
 Ciudad vieja, ciudad oscura y siniestra con sus rincones llenos de intrigas, de amor, de conflictos, con heridas profundas en sus gentes, lugar que guarda en los intersticios de su submundo penas y alegrías y en sus grietas sonrisas y lloros, hedor de vicio en las alcantarillas de los burdeles y aromas de felicidad en algunas alcobas, y allí en medio pateando sus avenidas aceras y callejones la vieja gloria, el súper héroe caduco , sigue su cansino deambular abrazado a sus paranoias a sus colillas y a su mísera vida.

   Esta zona es la Disneylandia nocturna de los mangis, el paraíso de los alcohólicos, la Holanda de los drogadictos, ahora se oye sonido de sirenas, carreras y pisotones, una redada entre la calle alta y la baja, policías de paisano aglutinando las gentes de los lupanares, drogas arrojadas a los imbornales, gritos, sobornos y alguna paliza, y al rato otra vez el silencio las sombras y la soledad.

   Solo quince minutos le restan para concluir y volver a casa ,hoy ha sido una noche relativamente tranquila, sin broncas sin peleas, aunque al fondo de su ultima calle los desaprensivos husmean en los contenedores , desparraman bolsas de desperdicios por doquier buscando basurillas que vender en los rastrillos ilegales de los barrios profundos, Boro coge sus armas y se encamina hacia ellos empujando el oxidado carrito, cuando llega ya se han ido y el saca la escoba y el recogedor y adecenta el contorno, luego llegada la hora acaba y se va a casa.

   Piensa en la jubilación, como funcionario de la recogida de residuos su paga no será alta pero si digna, el amanecer le persigue y mientras,  fumando otra colilla desaparece tras girar la esquina del mugriento callejón en la vieja ciudad.



   Hoy he tomado un turno diferente, necesito urgentemente verla, ella es mi mejor medicina pues cuando la observo las sombras de mi cerebro se amansan y mi desmedida agresividad duerme el sueño de los soldados que aunque agitado intentando estar de vigilia me deja descansar y dulcifica algo mi agrio carácter.
   Son las 8.30 de la mañana de un Lunes, un día normal con su acostumbrado bullicio de gentes ojerosas que se apresuran por subir a  autobuses y  taxis, con personas solitarias que pasean portando el periódico bajo el brazo, con madres y padres que acercan a sus vástagos a las escuelas y por supuesto con sus humos ruidos y tensiones, decididamente como intuí antes, un día normal.
   Una mujer madura aunque no tanto corretea con pasos cortitos para cruzar la calle, mientras se sujeta con una mano el gorrito de lana estilo parisino, la falda estrecha y corta hasta media rodilla no le deja ir mas deprisa ayudada de los zapatos mas bien botines imitación a unos Manolos que con su largo tacón ofrecen un hándicap a su acelerado trote.

   Peina una melena que cubre sus hombros varios centímetros y la rodea una bufanda que mas bien podría decirse que es un foulard estilo Hermés que caído por detrás uno de sus extremos dan a la esbelta figura de la mujer un aire juvenil, también cae un trocito del pañuelo por delante y descansa entre sus pechos que bien contorneados por el suéter de punto muy apretado, aun mejoran más su madura belleza, pero la escala de grises de todo el conjunto denota la tristeza de su dueña.
   
   Tras una marquesina de una parada de autobús una figura la acecha, la persigue con la mirada y sigue sus pasos, Eva divisa al fondo del callejón la entrada trasera del centro comercial donde trabaja y mira la hora por si llega tarde y al levantar la vista un escalofrío la recorre, dos muchachos de cabeza muy rapada y cazadoras Bomber le impiden el paso, asustada por la corpulencia de los merodeadores ladea su caminar pero se ve acorralada entre ellos y la pared, sitúa las palmas de sus manos contra los ladrillos deslucidos del muro y cierra los ojos mientras uno de ellos la coge con una mano por un lateral de su cara, el otro rapado juega con una navaja y le da vueltas sonriendo exageradamente, los dos atracadores parecen disfrutar del momento y absortos en su abuso no ven llegar una figura oscura por detrás.

-¿Que pasa aquí?
Girándose los pelaos al ver al maduro hombretón se sonríen y uno de ellos comenta
-”Mira mataremos dos pájaros de un tiro”
Boro les vuelve a preguntar, ¿tenéis algún problema chavales? , no me gustaría tener que haceros daño.
-“Tu y cuantos más Abuelo” comenta el más atrevido mientras intenta pegar un empujón a la cabeza de Boro.

   Eva intenta gritar pero no sale casi sonido de su garganta y en ese mismo momento una mano abierta grande pesada y callosa impacta contra la cara del mas cercano a ella y al otro joven un puñetazo en el estomago lo deja sin aire tirado en el suelo, el primer joven intenta lanzar un puñetazo al costado del abuelo pero otra vez una gran mano sostiene el puñetazo fallido y agarrando el brazo con una fuerte sacudida se lo parte y deja al gamberro tirado también en el suelo.
   Eva siente que se desmaya y antes de desmoronarse es recogida por Boro, unos minutos después en el centro comercial la despierta un compañero y acosada a preguntas se levanta y se esconde en uno de los aseos, nota un olor peculiar y se percata de que lleva una amplia chaqueta de hombre por encima de los hombros, recuerda entonces la odisea pasada hace algunos minutos y sale para agradecer a su defensor más después de muchas preguntas no encuentra rastro de él.

Es Martes, comienza la jornada y el maduro héroe camina ligero empujando su carrito, una sonrisa amplia inunda su cara, tiene esperanza, intuye la llegada de un nuevo tiempo en su vida,
un nombre retumba en su mente “Eva” ” Eva”, coge su escoba y el recogedor y mientras apura una colilla enfila un callejón de la vieja ciudad.

La habitación oscura y lúgubre acorde con el tufo a cerrado y escasez de limpieza, alberga los restos de lo que en algún tiempo fueron muebles, la cama coja y destartalada incita casi a salir corriendo y las telarañas de los rincones del techo tampoco ayudan mucho, un espanto de hombre permanece sentado al borde del catre estira los brazos mientras bosteza y enciende un cigarrillo medio usado antes de empezar el día.

Ojeras negras bajo los ojos, los labios pegados con restos de baba, la barba de 3  días y coronando su cabeza unas greñas despeinadas arremolinadas alrededor del redondo y pelado cogote.
         Hace de percha su huesudo cuerpo para un vetusto pijama de dos piezas, la superior roída y ajada en cuello y puños desentona con alevosía con los pantalones de franela, gastados en la entrepierna y descoloridos a rodales por un error al lavarlos con lejía.

Sus pies calzan unas pantuflas de mercadillo rotas con algún dedo asomado en la parte delantera, de complemento un pañuelo mohoso arrugado y tieso se descuelga de un bolsillo rasgado del pantalón.
         4 días tumbado en la cama con descansos para evacuar alguna meadilla o algo más consistente y algún rato para picar restos de comida aburridos en el refrigerador, los mocos colgando de su nariz confirman el tremendo resfriado y los escalofríos avisan de la fiebre que ya desde el primer día le aturdía cuerpo y mente.

Mirándose en el espejo del aseo mientras frota una mano por su barba y estira del bajo del calzoncillo con la otra para sacarlo de los mofletes del culo se encuentra Blas, cuarentón, soltero y solitario, abusador del tabaco, cervecero profundo, y guarrillo convencido cosa que revelaba la casa al mirar en cualquier dirección,
¿Algo bueno? ………Si, estudioso aventajado por su impresionante memoria y lógica, pero ya cansado de tantos años de estudios.
No tengo ganas de ir al instituto, ninguna gana, ese era el comentario todo el rato en su cabeza.

         Un mensaje de su madre a través del teléfono le recordaba que era época de exámenes así que armándose de valor decidió acudir al instituto.

Mientras estiraba de un suéter de debajo de un montón de ropa sucia con los pies retiraba restos de una pizza revenida semi-envuelta en papel de aluminio ,comprobó junto a otras piezas de ropa que estaba en mejores condiciones y se lo puso, a su vez eligió un pantalón renegrido de roña y planchado por la presión del colchón de su cama y también se lo vistió, encontrar calcetines parejos fue tarea mas ardua y después de insistir se calzo uno de cada,  para acabar se calzo también  los mocasines marrones igualmente de mercadillo .
      
        Al bajar del autobús se dirigió al horno del mercado municipal y se aprovisionó de rosquilletas y una botellita de agua y se apresuro para no hacer tarde.
        La sirena   del instituto    avisaba del comienzo de la  jornada escolar ,la gente   corría al interior de las   clases y él con  varias   zancadas   rápidas   se  plantó   delante de  la puerta del   aula, cogió aire y accedió al interior ,se hizo un gran   silencio   todos le  miraron y   casi   al   unísono         se escucho una frase:

-¡Buenos días profesor Blas.!


El edificio ruinoso y sucio desentona con las construcciones de su alrededor, de hecho los pocos vecinos que quedan, ya recibieron hace tiempo la orden de desahucio, en el zaguán solo quedan 3 buzones, dos sin nombre solo el numero y el tercero escrito con rotulador sobre cinta adhesiva se puede leer < SALVADOR BLAS ESPADA>.
   Desde hace más de 30 años vive allí, ahora mientras sube las desgastadas escaleras, Boro recuerda el día que comenzó su derrumbe físico y moral.


   Entre los alumnos, en medio del aula le esperaba también el director del instituto el cual cogiendo por encima del hombro al desaliñado profesor, y pidiendo disculpas a los alumnos se lo llevo aparte para darle una mala noticia.
   Blas sabía ya desde algún tiempo que este día llegaría, la falta de asistencia a las clases de gimnasia que él impartía, las quejas de otros profesores y de algunos padres de alumnos más la desastrosa presencia física que últimamente presentaba, hacían presagiar un despido inminente.

   El director , amigo de él, ya le había advertido en varias ocasiones, desde hacia 6 meses llevaba toreando a la junta del instituto pero la ultima reunión sentenció la decisión, todos los asistentes tuvieron en cuenta las causas del abandono que presentaba Blas, todos sabían que desde la fatal muerte a manos de un atracador de la mujer del profesor Blas , su conducta presentaba algunos problemas pero él nunca asistió al psicólogo que le recomendaron ni hizo caso de las recomendaciones de amigos y compañeros, simplemente se derrumbó y decidió mortificarse hasta acabar siendo un despojo de persona.

   Blas dentro de su cabeza solo tenia la  fija idea de que todo pasó  por su culpa, empeñado en ayudar a los menos dotados para el deporte ,  se quedaba hasta muy tarde preparando tablas de gimnasia o consolando a algún alumno preocupado por el ultimo suspenso, en ese día fatídico, llego tarde para recoger a su mujer a la salida del trabajo y ella viendo la tardanza decidió coger el autobús, mala suerte pues se topo con un “pirao” que le desvencijo tres navajazos de muerte solo para llevarse la poca bisutería que llevaba encima.
   Desde entonces la vida del profesor se tornó en un cúmulo de despropósitos, alcohol, peleas callejeras suciedad y abatimiento hasta que un día después de permanecer ingresado en un hospital por delírium tremens y ayudado por su madre se decidió a encaminar algo su mísera existencia y comenzó una cura de desintoxicación y algunos meses más tarde volvió al mundo laboral como empleado en la recogida de basuras.
   
   Semanas más tarde en otra parte de la ciudad, Eva recuperada ya del susto sufrido en el atraco, leía y releía un sobre con el nombre y la dirección de la persona que la había rescatado de los pelaos, o al menos eso creía ella pues el sobre estaba en uno de los bolsillos de la chaqueta que le había dejado, pensaba en él día y noche, no consiguió fijarse bien pero en su mente permanecía la figura de un hombretón de rasgos duros aunque a ella le pareció más bien un ser dulce y atormentado.
   Un fin de semana se decidió y pidió un taxi para que la llevara a esa dirección, en medio de un barrio bastante nuevo un edificio viejo tenía el número del portal que ella buscaba, intrigada subió las escaleras y llamo a la puerta.

   Momentos más tarde Boro asomaba despeinado y con la cara hinchada por las muchas horas tumbado en la cama, al fijarse en Eva se quedó inmóvil y tartamudeando la invito a pasar a lo que ella sin decir palabra asintió.
   Una vez sentados uno frente a otro a los lados de una pequeña mesa de comedor, permanecieron unos minutos mirándose sin decir nada, Eva nerviosa exclamó:
-Perdone pero no me decidía a venir, solo quiero darle las gracias y devolverle la chaqueta.
-Por favor tutéame, llámame Boro así me conocen mis amigos.
-Te puedo hacer una pregunta….. Das la impresión de ser más mayor de lo que en realidad eres, ¿tengo razón?

   El maduro héroe luchaba por mantenerse sereno, alguna lagrima se empeñaba en brotar por sus ojos” Dios mío, como me recuerda a mi mujer, pensaba”

Restregándose una uno de sus ojos con la  mano   le contestó.- voy ha cumplir   La cena fue amena, se contaron retazos de su vida, rieron y degustaron algunas copas de vino, de camino a casa de la joven junto a un portal acurrucados desataron su pasión y disfrutaron de besos y caricias, ya tarde mientras se despedían el enamorado héroe notó algo raro, sintió una punzada en un costado, comenzó a oír pitidos y voces, él los sentía muy cerca, miró a Eva y la vio desvanecerse.
   En la camilla del hospital el cuerpo de un hombretón daba los últimos alientos de vida, la maquina que controlaba el pulso comenzó a pitar y todo se torno en voces y prisas, tras unas convulsiones su corazón se paró.
Una voz comentó: hora del fallecimiento <las 10.30>.

   Entre sueños dulces, Boro, acabó su mísera vida, rozo la alegría, sintió los aromas del amor, ese día fatídico mientras defendía a una muchacha de dos agresores, recibió una mortal puñalada en un costado que le hizo desangrarse, y entre delirios expiró.
   En su ultimo aliento soñó que Eva lo buscaba en la puerta de su trabajo “que guapa estaba incluso con la gran chaqueta que el le había dejado” y también sonrió cuando soñó que ella descubría el sobre con su dirección y cuando el delirio le hizo verla delante de la puerta de su casa se sintió rejuvenecer y disfrutó de la cena con ella aunque fuera solo una invención de su mente y se sintió triste cuando al mirarla el ultimo estertor desvaneció su imagen.


Dos días mas tarde en el pequeño cementerio del barrio se oficiaba el sepelio, asistió el encargado y varios compañeros del trabajo también se arremolinaron cerca del lugar del entierro algunos amigos de copas del fallecido y en primera línea la madre y a su lado la triste Eva.
   Realmente no fue un evento muy concurrido y tampoco el día acompañó, amaneció gris y lluvioso, algunas personas pasaron a dar el pésame a la madre del difunto y en poco rato la zona quedó desierta, solo una madura muchacha permaneció junto a la losa, con unas lagrimas en los ojos lentamente también se marcho.

Sobre la losa de Salvador Blas Espada quedaron dos rosas en recuerdo del amor que pudo haber sido …… y no fue.


Las arrugas duelen.



Déjame que te cuente preciosa ahora que tienes tiempo, yo residía en el campo en una
modesta casita  toda pintadita de cal y tenia un perrillo faldero y había un pozo y gallinas y una cabritilla, también dos gorriones que hacían vida con los demás, éramos felices mi madre mi padre mis hermanos y yo.

     Pasamos la guerra con mucho miedo y también sufrimos hambre y necesidades y de moza me enviaron a la capital a estudiar interna pues mi padre falleció y mis hermanos ya no vivían en casa, mi madre no me podía atender pues se tuvo que poner a trabajar de domestica, fueron años duros.

     Después de la adolescencia conocí a un galán que prendó mi corazón y con los años nos casamos y tuvimos varios hijos, hay preciosa no me acuerdo de sus nombres,  estoy mayor.
   -Venga, jovencitos, mover esos piececitos que ha llegado la hora de la cena.
Los auxiliares de la residencia se apresuraban a trasladar a los que iban en sillas de ruedas desde el salón al comedor.

-Abuelita, ¿Te llevo al comedor?
   -Vale preciosa pero que no se te olvide llevar también a este señor, yo mientras le guardare el sitio, no se vaya a quedar sin cenar.

 -Hay abuela que cosas tienes, ahora llevo al abuelo al comedor contigo.
La nieta suavemente traslado a la anciana por el corredor.

 -Pues si preciosa, yo tenía un buen mozo que se llamaba creo.....que cabeza, pues ahora no me acuerdo.
    -Juan, se llama Juan, abuela.
    -Yayo que te llevo con la Yaya, mete los pies en los soportes de la silla.
    -Y esa señora tan guapa con la que hablabas, ¿Quién es?
    Con lágrimas en los ojos, la nieta le volvía a repetir por cuarta o quinta vez que era su mujer, Dolores.

    Hacia muchos meses que habían dejado de conocerse, casi ni se hablaban, pero por las mañanas al despertarse los dos cada uno en su camita en la misma habitación, se esperaban a estar aseados para ir a desayunar, también iban juntos si había salida de paseo o si ponían alguna película en el salón y los dos a ultima hora se iban juntos a dormir.
     No saben sus nombres, no se recuerdan pero en su interior hay un vínculo que les ata e inconscientemente ellos no hacen nada sin ir juntos.

 Dura  es la vejez, las arrugas duelen todas, las del cuerpo y las del alma, más dura es si no te acuerdas de los seres queridos, tortuoso compañero es el Alzheimer  ansioso devorador de la memoria.

Se apaga la televisión del salón, menguan las luces y llega la hora del descanso.
    -Auxiliar, guapo, ¿Como te llamas?
    -Pedro, me llamo Pedro señora Dolores
    -Pues Pedro...Le puedes decir a ese señor que nos tenemos que ir a dormir.
    - ¿A Juan?
    - Si , a Juan......Nunca me acuerdo de su nombre.

FIN

LA MERIENDILLA














La madrugada en tierra de campos suele ser fresca aunque sea verano, por  lo tanto vamos abrigados pero no mucho, las caras de los familiares rezuman un aspecto algo cansado, alguna ojera y nervios también desprenden, el día será largo pero nunca aburrido, mis tíos, primos y nosotros vamos de jornada de monte, comida bebida y sobre todo mucha armonía.
   
    Aquí le llaman irse de meriendilla, ahora ya no me asusto, pero la primera vez que fuimos a una reunión de estas me quede asombrado, desde la llegada hasta la partida a altas horas todo fue comer beber y reír y a lo bestia, “Que saque tiene esta gente”.
  
Aun no estaban preparadas las mesas y ya estaban sirviendo tazas de caldo y vinillo  joven  blanco para empezar el día, alguno incluso le pegaba un  tiento al queso de cabra que olía como Dios.
   Las mujeres de la familia organizaban las sillas y mesas, estas a este lado, aquellas adosadas de dos en dos para hacer de banco de cocina, de los vehículos iban saliendo bolsas y cajas con toda clase de viandas, botellas de bebida de todo tipo, embutidos, carnes, vegetales  y abundante fruta, todo un espectáculo.


    Los hombres se partían en dos grupos , los cangrejeros y los de las setas, después
se iniciaba una excursión de recolecta, los primeros preparaban los reteles con huesos de pollo y los iban situando en recodos algo separados del río siempre controlando la cantidad de agua que discurría y su ubicación , el segundo grupo se internaba en el monte bajo y en los laterales del río dentro de las choperas y buscaban los boletus , los orejones y algún níscalo perdido , entre dos horas y tres duraba la excursión y de vuelta al improvisado restaurante campestre.


    Si el día se daba bien, los cangrejos de río se amontonarían en un barreño listos para ser escaldados antes de la hora de comer y mientras las setas se limpiarían con trapo y mucho cuidado para ejercer de acompañamiento a las carnes.
    La verdad es que no se paraba nada pues todo el mundo tenia algo que preparar, uno de mis primos y yo preparábamos un horno asadero con barro del río y una loseta de piedra grande y plana , esta se situaba encima de un gran agujero hecho al lado de un montocito de tierra que haría de cabecero, aquí estaría la salida de humos y en la parte contraria justo debajo de la boca del horno la entrada de la leña, y después encima de la piedra con ramas finas y verdes se realizaba una forma de cabaña curvada y se rellenaba con barro del río como haciendo una cueva donde se cocinaría el Lechazo castellano y también el embutido, la morcilla de arroz burgalesa y el picadillo de chorizo.


    Alguna de las mujeres rebozaba espárragos blancos extra-gordos con pan rayado fino y huevo batido, fritura de ellos a continuación y si habían recolectado  espárragos verdes también, y en medio de toda esta laboriosidad tragos y mas tragos de vinillo de la ribera del Arlanza, pero ahora tinto.
    
A la hora de comer todos alrededor de las mesas comentábamos la mañana, recordábamos historias de las antiguas y se contaban chanzas y habladurías, 
¡ como no ¡.
Y ya delante del plato , a comer, un trocito de cordero tierno como el solo y rodajita de morcilla de arroz , una picadita de espárragos tiernos o de los verdes, a continuación a degustar las setas y los mas comedores ya habrían empezado con los cangrejos, todo un festín bañado con litros y litros de vino, los postres siempre de la pastelería del pueblo y para acabar los cafés y las copas, unos de coñac otros de 43, las mujeres con su Licor  Bailéis y los niños mosto muy rico.


Que recuerdos, días inolvidables, sensaciones muy gratas, cordialidad.
Ahora ya pasados muchos años algunos familiares se han ido y los que quedamos dada la distancia nos vemos apenas, pero el recuerdo siempre acude a mi mente de vez en cuando y me hace disfrutar.


No tengo que decir que la merienda seguía la misma pauta y se alargaba hasta altas horas de la madrugada ya que era merienda cena y el alcohol luego seguía brotando a borbotones , más orujo, más wiskises y muchos cafélitos y luego despacito después de recoger, a casita a dormir.


   Ellos, mis familiares al día siguiente estaban como nuevos, pero yo empezaba el día con bicarbonato y acababa con manzanilla ,aunque después de todo,  “QUE ME QUITEN LO BAILAO”.

lunes, 10 de octubre de 2011

El Ángel sastre.

Ronda el ángel oscuro, porta en sus manos el final  del hilo que nos ata a 
este lado,en años, días o quizás en horas el carrete se acabará y este sastre 
nocturno rematará el pespunte, estirará del ovillo y nos conducirá al otro lado.

Lástima seria no haber disfrutado  del aroma del rocío de la hierba húmeda o 
de la caricia cálida en la cara  de nuestro astro solar, triste seria no tener la 
experiencia dulce del primer beso ni el recuerdo compartido de una canción.

Acabar el camino sin dejar a este lado a alguien querido  que siga nuestra 
saga y nuestra sangre, no haber enseñado a nadie los retales de nuestra 
experiencia ni rememorar la tristeza sentida de una despedida bañada en lágrimas.

Aun durando cien años la vida es corta y puesto que la arruga al final hiere, 
el cúmulo de experiencias dulces y amargas compensa y alegra el retiro final, 
nadie quiere irse y a la tierra se agarra pero es mas fácil dejar la existencia 
cuando el alma está tranquila y la conciencia limpia.

Hoy estoy algo triste, alguien se ha ido, su ángel acabo la última puntada, 
estiró del  hilván y se lo llevó a otro sitio, espero que sea un lugar bello  pues
yo algún día también acudiré.

Descanse en paz.

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UN LIBRO MI PERRO Y YO

23 de noviembre de 2015 A rrancan ya los días fríos, el crepúsculo es cada vez mas temprano y mis cuartos traseros ren...